середа, 10 липня 2013 р.

CONTACTO

Si desean incluir sus memorias, comunicarse con:

Alejandra Aranda, Encargada Programa Biblioredes de Requínoa, Sexta Región, Chile


alejandraranda67@gmail.com

AQUELLOS MUCHACHOS DE ENTONCES


   A fines de los años 50 y comienzo de los 60, solíamos ser un grupo de  amigos que frecuentemente se reunía  en la plaza de este pueblo. En aquella época teníamos edades que fluctuaban entre los 17 y 20 años.
Fuimos unos muchachos alegres, sin grandes problemas individuales ni de grupo, buenos camaradas, solidarios y con el afán de cambiar este mundo por otro mejor, en el que cada persona sintiése que pertenecía y que tenía un lugar en él.

   Este tema era materia recurrente en nuestras conversaciones. En lo ideológico nos dividíamos en 2 bandos, unos se sentían con tener ideas afines con las ideas social cristianas y el otro bando con las ideas socialistas.

   En la fundación del Partido Demócrata Cristiano en Requínoa tuvimos participación José Modesto Arenas, Herminio Sepúlveda yo (Juan Serrano), Don Julio Ordenes, y la pieza fundamental, quien ya era un viejo falangista, Andresito Rojas. Contamos con el asesoramiento y la presencia del diputado demócrata cristiano de la región, el señor Valenzuela, oriundo de Rengo, quien era químico-farmacéutico. La reunión se realizó en el restaurante de don Julio Ordenes.

   Cuento esto, no creo que haya memoria de esta fundación y el Partido Demócrata Cristiano posteriormente llegó a ser fundamental en el gobierno de la comuna de Requínoa. Sucedió en una obscura noche de invierno del año 1960 o 1961.
  
   Las simpatías en lo deportivo este grupo de amigos, se dividía tanto por el Club Deportivo Lautaro como por el Club Deportivo Juvenil. Normalmente fuimos muy amigos, pero en la cancha  fuimos adversarios duros, pero terminado el partido la amistad se recuperaba.

CLUB DEPORTIVO
  
   Tenemos una historia de vida común, nos conocemos de toda la vida. Hemos estudiado en la Escuela 19. Aún recuerdo mi escuela, el patio, las pichangas del recreo, mi sala de clases, cuya puerta se habría hacia la calle, a mis compañeros de curso y a mi profesor, el señor Lobos.

    Después seguíamos estudiando en El Liceo San José, Josefinos del Murialdo. Mis maestros fueron el hermano Valente, el padre Juan, el padre Rino. Director era el padre Emilio Martinelli.
  
    Nuestro próximo paso en la educación fue en colegios en la ciudad de Rancagua, el Liceo de Hombres de  para algunos y para otros  el Instituto Comercial de o la Escuela Industrial.

   Terminado los estudios secundarios los muchachos inician su vida laboral en Bancos, Empresas, escuelas, o empezando a estudiar carreras universitarias, yo estudié la carrera de Medicina en la Universidad de Chile.
   
   Nuestra rutina consistía en reunirnos los fines de semana y diariamente en período de vacaciones. El punto de reunión era el banco de la plaza ubicado en la región sur oriente de ésta.

   Allí planificábamos las actividades del día, incluyendo la visita a la estación del ferrocarril (yo la encontraba bonita), La estación estaba muy bien mantenida. El paseo allí tenía el objetivo de recibir y despedir a los viajeros. Algunos de nosotros pertenecían al Cuerpo de Bomberos, participamos en todas las actividades que se realizaban.
   En las tardes y domingos nos entreteníamos jugando fútbol, sea en el Estadio Municipal o en la cancha del fundo Los Perales la cual poseía unos eucaliptos inmensos que daban una sombra maravillosa, la cual nos protegía del calor estival.

   Waldo Reyes, Oscar Mancilla y yo organizamos el primer campeonato de los barrios en Requínoa. Fue un verano, como parte de las actividades de celebración de la semana Lautarina.

   El campeonato tuvo gran éxito.
  
Las tardes de los días miércoles, sábados y domingos funcionaba el Teatro Municipal con sus funciones de cine. Todos recordamos el momento en que oíamos por los parlantes la marcha, indicando que la función estaba por comenzar.

   Alguna vez fuimos a Rancagua, al cine. Recuerdo aquella vez que fuimos a ver la película del Campeonato Mundial realizado en Suecia. Allí vimos debutar y conocimos al rey Pelé.
  
   Como Requínoa nunca tuvo una piscina, de vez en cuando en verano viajábamos a bañarnos  al río Claro, el cual queda entre el pueblo de Rosario y Rengo. Por supuesto a dedo, no siempre nos resultaba el viaje.



      Las fiestas del pueblo eran los aniversarios de los 2 equipos de fútbol del pueblo. De pequeño recuerdo que hubo una fiesta de la primavera, después nunca más. Deber de las autoridades municipales debiera haber sido crear y sostener festividades para entretener a la gente de la comuna, pues esto está incluido en la alegría de vivir.

   A los simpatizantes del Club Deportivo Lautaro les contaré que este club tuvo una rama femenina, tenía un muy buen equipo de basquetbol femenino, sus dirigentas eran Rita Farías, María Miranda, Adriana Corral ( mi mamá) y Adelaida Farías. Este grupo de damas tomaron la misión de crear tanto el himno del club Deportivo Lautaro, como su insignia y bandera. El presidente del Lautaro en esa época era don Jorge Lobos Casanello.

   Mi madre encargó a mi tío Domingo Corral, quien había estudiado arquitectura en la Universidad Católica y tenía por lo tanto dotes artísticas, la creación de la insignia. El indio de la insignia y el que está en la bandera lo considero yo muy hermoso, tiene cara de indígena. Mi tío lo creó antes que saliese el indio del colo-colo, quienes  antes tenían otra insignia , que no era el indio.

   Lo anecdótico de esto, es que mi tío simpatizaba con el Juvenil, y a algunos miembros de este club les pareció mal este gesto. Lo más probable es que encontraron muy bonita la bandera y la insignia.
  
      Requínoa debe ser el único o uno de los pocos pueblos de Chile que sus calles no llevan nombres de padres de la patria o héroes de la guerra del Pacífico.  Tienen nombres desconocidos, probablemente son nombres de dueños de haciendas del lugar. Sabemos que los hacendados creaban lugares donde se asentasen sus trabajadores. Un hecho que me hacer pensar que estoy en lo correcto es que es un asentamiento sin río ni estero en su cercanía.

   Al nombrar a cada uno de los muchachos de aquel tiempo siento que estoy rindiendo un pequeño homenaje.

   Algunos aún nos acompañan en este mundo, otros partieron, pero algún descendiente probablemente leerá este pequeño recuerdo.

   Al cerrar mis ojos voy recorriendo las calles de mi pueblo de norte a sur y de este a oeste. Así voy viendo la fachada de cada casa y recordando a cada uno de sus habitantes. Muchos de ellos fueron mis compañeros de curso, o de escuela o jugábamos fútbol en el mismo equipo o alguna actividad tuvimos en común.

    En la calle Comercio vivían los hermanos Moya (Leandro,Mariano y Fernando), René Bascuñan y sus hermanos menores, Guillermo Miranda ( primo mío y estrella de fútbol, fue jugador de Audax Italiano, aunque a él le gustaba la Universidad Católica. Fuimos compañeros de internado en el Liceo de Hombres de Rancagua), los hermanos Calquín (Enrique y Fernando).
 
   En la cuadra siguiente el chiguela Avendaño, Rolando Moreno y sus hermanos menores, Fernando Arenas ( Chancho Pirula), hermanos Correa ( Chivirico, jugamos  en segunda serie en el Lautaro, tengo una   foto de ese equipo), los hermanos Emparanza.

   En la cuadra siguiente, (la de la oficina del correo, telefónica y Banco del Estado, mi cuadra. Allí vivíamos ; Nelson Moya, los hermanos Muñoz ( Mario y José, yo (Juan Serrano), Andrés Perucich y mi amigo Jaime Díaz.



      En la cuadra de la farmacia vivía Jorge Echem.
      En la cuadra de Estación de Ferrocarriles, de la Municipalidad, Carabineros y Teatro Municipal habitaban los hermanos Lobos (Juan y Omar), y los hermanos Grande (Enrique, Jorge y Elías).

   Al final de la calle Comercio tenemos al moluco Chacón y a los hermanos González, entre ellos al primo Tronco.

   En la calle del matadero municipal, que está ubicada paralela a calle Comercio pero al poniente vivían los hermanos Bustamante ,Rosendo Vergara, Iturriaga y Aureliano Lagos.

   En la cuadra siguiente, la de la Escuela 19, vivía Manolito Vera, Kakay ( desgraciadamente no me acuerdo del apellido, pero jugamos fútbol en el mismo equipo),, los hermanos Parraguez, los hermanos Román, López.

   En la cuadra siguiente; Nolberto López, Miguel Ordenez y mi amigo Enrique Peñaloza ( quien nos abandonó muy prematuramente con gran dolor de sus amigos, especialmente yo, que había sido su compañero de curso).

   En la cuadra del Club Social vivían los hermanos Gherardelli  y Silverio.
  
   Al final, en la otra cuadra Sergio Peñaloza, mi amigo Alonso Lira y sus primos Sótero y Rodolfo.
  
   En la calle de la iglesia vivían los hermanos Corrales, Gustavo Soto y su primo Andrés,los hermanos Camalé y los hermanos Urra.

   
      En la cuadra de la farmacia vivía Jorge Echem.
  
      En la cuadra de Estación de Ferrocarriles, de la Municipalidad, Carabineros y Teatro Municipal habitaban los hermanos Lobos (Juan y Omar), y los hermanos Grande (Enrique, Jorge y Elías).

      Al final de la calle Comercio tenemos al moluco Chacón y a los hermanos González, entre ellos al primo Tronco.

      En la calle del matadero municipal, que está ubicada paralela a calle Comercio pero al poniente vivían los hermanos Bustamante ,Rosendo Vergara, Iturriaga y Aureliano Lagos.

      En la cuadra siguiente, la de la Escuela 19, vivía Manolito Vera, Kakay ( desgraciadamente no me acuerdo del apellido, pero jugamos fútbol en el mismo equipo),, los hermanos Parraguez, los hermanos Román, López.

      En la cuadra siguiente; Nolberto López, Miguel Ordenez y mi amigo Enrique Peñaloza ( quien nos abandonó muy prematuramente con gran dolor de sus amigos, especialmente yo, que había sido su compañero de curso).

      En la cuadra del Club Social vivían los hermanos Gherardelli  y Silverio.

      Al final, en la otra cuadra Sergio Peñaloza, mi amigo Alonso Lira y sus primos Sótero y Rodolfo.

      En la calle de la iglesia vivían los hermanos Corrales, Gustavo Soto y su primo Andrés,los hermanos Camalé y los hermanos Urra.


ESTADIO MUNICIPAL REQUINOA

   
      Ahora recorreremos las calles que van de cordillera a mar, desde el norte al sur.

      En la calle del estadio o del Club deportivo Lautaro, vivían los hermanos Ibarra (Mito y Lucho), hermanos Pulgar,Patito Montecinos, Gálvez, el pipa, Jorqueras,Cabezas.

      En la calle del cruce al fondo los hermanos Ilabaca ( Quico y Pocho,amigos míos).

      En la calle de la panadería vivía mi amigo Oscar Mancilla y los hermanos Banda, José María Avila, los hermanos Moyano y Suilt.

      En la próxima calle, la que desemboca en la plaza estaba la casa de Guillermo Riveros, Julio Ordenes, Hermanos Sepúlveda ( Mino, Chasca yJaime).

      En la plaza misma al costado norte vivía mi amigo José Arenas.

      En la calle del teatro recuerdo a Enrique Catalán, los hermanos Peñaloza , mi amigo Waldo Reyes y mi compadre Glayo Jorquera y su hermano Ramón.

  
      En avenida El Abra vivían los hermanos Pérez, José Miguel Padilla (mi amigo Pingolo), los hermanos Durán, el liebre Dinamarca y el Cano Ibarra.

   En Los Perales, los hermanos Soto y en El Abra, el rucio Pino y los hermanos Cárdenas.

   A los muchachos nombrados les envío un fraternal saludo y abrazo, les recuerdo con cariño, pertenecen a mi temprana juventud. 

   A los que partieron les deseo que hayan tenido un hermoso viaje y que la paz sea con ellos.

   Si el más allá no existiese, que hayan tenido una hermosa estadía en este mundo gozando del amor de la familia y del cariño y respeto de los amigos.


  
JUAN SERRANO CORRAL




  




     

    

   








                                                                    





MI REQUINOA


Corrían los años 70`s y Requínoa era el típico  pueblito donde todos se conocen, muy apacible, donde existía la amistad y también uno que otro chisme, pero mi pueblo al fin y al cabo, hoy que lo veo lejano todos los recuerdos son buenos, cuando he vuelto a pasear por sus calles, cada centímetro que avanzo me trae una visión del pasado, de niña, de adolescente. Personas que ya partieron y los que se quedaron en el pueblo, cada rincón me recuerda un pasaje de mi propia historia, me produce sentimientos encontrados tanta felicidad y también penas…un torbellino de sensaciones envuelven mi cabeza y me traslado al pasado en la calle Pablo Rubio; entonces recuerdo al almacenero, querido por todo el mundo,  “Juanito” Cancino quien siempre  regalaba el paquetito de galletas de yapa por el pedido. En el local de al lado su madre la sra. Adela una señora bien plantada y que nadie se atrevía a contradecir…respetada la señora.

También recuerdo el negocio de lanas de la sra. Silvia, que siempre era tan buena onda con nosotros los cabros chicos amigos de sus hijos, un poco mas allá el negocio de mi tío Fernando “Jorquera” quien era harto cascarrabias, pero en fin era mi tío. La peluquería de mi tío Guillermo quien atendía a todos los varones y a todos les  cortaba el pelo igual…parecía que tenía un molde.

Y como no mencionar al “ fotógrafo del pueblo” mi tío Pedro…o mejor dicho Pedrito de la plaza…quien fotografió a generaciones en Requinoa y yo estoy entre las privilegiadas, cuantos desfiles de 21 de mayo ,18 de septiembre, y cuanto acto oficial había en el pueblo .. Ahí estaba mi tío y cuando no, estaba en el negocio atendiendo con mucha paciencia a las señoras que compraban botones porque mi tía Luz con su mal genio las espantaba.

Otro personaje, mi tío Alberto Perucich, con su imponente figura, el superintendente de bomberos, máxima autoridad en el pueblo en los actos públicos, después del alcalde por supuesto.
En la Escuela 19 pasé gran parte de mi inolvidable infancia…uffff... Cuantos recuerdos de mis compañeros y  profesores…la srta Sylda Ilabaca, la sra. Norma Toro y sus cigarros “Nevada” , el sr. Romero, la sra. Leticia, el pelao Durán (con todo respeto) y su sra. Bernardita…fueron los profesores emblemáticos de una muy linda generación, por supuesto que en este caso no puedo dejar de nombrar a mi madre la sra. María Tapia quien ha sido profesora de medio Requinoa y Rincón de Abra…ufff la cantidad de años enseñando.

Como dato curioso les cuento con orgullo que conocí a la sra. Berta Saavedra, cuando yo era muy pequeña, pero me acuerdo perfectamente de ella, una profesora de excelencia como las que hacen falta hoy en día.
                                            PROFESORES ESCUELA BERTA SAAVEDRA

Finalmente mi padre, Hernán Jorquera, quien fuera un reconocido artista local, como músico y también actualmente pintor, actor cómico en inolvidables veladas de las fiestas de la primavera de los años 60`s .El que se paleteó con medio mundo por “sacar un parte” mientras era Secretario del Juzgado del Olivar. Más de alguien que lea este pequeño recuerdo debe haber recurrido a él en caso de emergencia.

Esta fue Requínoa de los 70`s llena de gente buena, donde existía confianza, compañerismo y todos trabajaban por una causa común el bien del pueblo, del colegio, un vecino en apuros…o lo que se viniera.
Que me disculpen los que no nombré porque son tantas personas importantes y que hicieron mucho por Requínoa, pero es una visión de mi niñez y las personas que mas influyeron en mi vida y que  yo recuerdo hasta el día de hoy.




Creo que puedo decir con orgullo que mi familia fue parte importante en la historia de este pueblo, así como tantas otras familias y me alegro de haber tenido la oportunidad de aportar un granito de arena con mi grupo juvenil Zenit, que recuerdo con tanto cariño y con quienes  hasta hoy  nos reunimos a urgar en la memoria de cada uno y de este pueblo querido.


Una servidora.




PILAR JORQUERA TAPIA

INOLVIDABLES RECUERDOS



Recordar a Requínoa es pensar en mi niñez es recorrer a través de mis pensamientos desde el día en que nací que allá en la antigua y recordada cruz roja de Requínoa fue o era como el hospital  de mi pueblo.

  Mi primer colegio fue las inolvidables monjitas de santa marta recordando como a sor Agustina, sor Isabel mi querida señorita Margarita y la señorita profesora jefa que tenía en ese tiempo en básica la  señorita Eliana ,en esa generación caminamos juntas con muchas compañeras en la cual llegamos hasta el  liceo San José, de ahí seguimos la enseñanza media conociendo a compañeros,  marque la etapa de la adolescencia pero lo pase muy bien y así se me viene al recuerdo el chuma soto con sus cantos y escenarios formados por el , mi grupo de mis mejores compañeras de curso que eran Magaly Rebolledo Andrea pardo y ana María Ramírez ,mis antiguos profesores señor Valentín palma de matemáticas el señor chico González con las inolvidables dictados de ortografía que gracias a el mejoré  y así muchos mas y sobre como liceo católico el recuerdo de el rector en ese tiempo del padre armando y mi querido y tan buena onda con nosotras el padre Antonio con mucho cariño están en mi corazón todavía, caminando  llego a mi   plaza chiquita pero muy bonita y con muchos recuerdos sobre todo cuando paseábamos las noches de verano y nos juntábamos en esos tiempos con mis amigos de mi juventud todos éramos de 17 a 18 años casi todos de la misma edad en ese tiempo recién estaba la música de John Travolta con sus bailes y nos juntábamos a bailar en las casas  era todo muy sano muy bonitos recuerdo tengo de los amigos eran el Lucho Arriagada, y sus hermanos, el pipo cornejo la Alejandra cornejo, la Sandra  Rodríguez y muchos mas  que me quedan en el recuerdo, eso fue mi juventud después con el tiempo trabajar otro recuerdo inolvidable la posada, conocí mucha gente era maravilloso trabajar allí  era como estar en otra ciudad y sobre todo entregue de mi todo el cariño tanto a mis patrones y a la posada allí tuve recuerdos muy emocionantes sobre todo muchas vivencias  tengo mucho cariño y todavía a mis patrones don Jaime Valenzuela y la Sra. Gianna Fortini con su familia.



MARIA ELENA ARANDA
                                                                                                                           SAN FERNANDO

MEMORIAS DE UN REQUINOANO

Provengo de la familia Jorquera Salas, integrada por doce hermanos, de los cuales diez ya han partido, quedando solo mi hermano Guillermo y yo.
Mi infancia se desarrolló en Santa Amalia y ya adolescente, nos trasladamos a Requínoa, en donde continué mis estudios

A través de mis hermanas Olga y Ofelia, conocí al Párroco Don Alberto Rey González, quien tenía una gran amistad con mis padres. En ese entonces me enseñó a ayudar en la misa que se hacía en latin. Por lo cual siempre me llevaba para que le ayudara en la Capilla del Fundo de Las Cabras, cuyo propietario era Don Fernando Vial.
Gracias a este párroco tuve la oportunidad de aprender y apreciar la música, que mantengo hasta el día de hoy, me enseñó a tocar el órgano y asi participaba con el coro de la iglesia.
En mi juventud me incorporé a un conjunto artístico, organizado por la Sra. María Méndez de Ferrada, ella organizaba las veladas y las fiestas primaverales. Participé por primera vez en esta velada que era a beneficio de la iglesia parroquial, también con la participación de mis hermanos. Estas fiestas tenían gran éxito, pues venían personas de pueblos aledaños.

Años mas tarde me fui a Rincón de Abra, donde inicié una linda amistad con los profesores Ramiro y Eugenia, y otros vecinos del lugar, esta amistad nos llevó a formar un grupo artístico junto a Rafael Cumsille, con quien salíamos a distintos pueblos y comunas, colaborando con sus instituciones, como por ejemplo: Lo de Lobos, Chimbarongo, Zúñiga, El Molina (Olivar), Requínoa y por supuesto ayudando a la Escuela El Rincón.
Por esos años llegó una nueva profesora a esta escuela, que venía de la Escuela Normal de La Serena, y que se integró a nuestro grupo, participando junto a nosotros. Con el tiempo fuimos conociéndonos y finalmente contrajimos matrimonio, viviendo en Rincón alrededor de ocho años.
Posteriormente por razones de trabajo nos trasladamos a Requínoa, de donde viajaba diariamente hacia la comuna de El Olivar para desempeñarme como secretario del Juzgado de Policía Local. También en esta comuna participé en actividades artísticas organizadas por la municipalidad y la escuela. Cumpliéndo 31 años de servicio me acogí a retiro.

Una vez jubilado y ya descansando en mi hogar, me dediqué a la pintura. Tomé clases con el conocido pintor Don Julio Silva Valenzuela, participando con él en diferentes exposiciones como en Coltauco, El Olivar, Gultro y en diferentes lugares de Requínoa.
En Octubre del año 2009, decidimos venirnos a vivir a Rancagua con motivo de estar mas cerca de los hijos Ana María, Hernán, Pilar y Claudia y asi poder ver crecer a nuestros ocho nietos.
No obstante, sentimos nostalgia por el pueblo, ya que allí nos conocimos, nos casamos ( hace 52 años), tuvimos nuestro hijos y los educamos. También nunca olvidaremos a los familiares y amigos con los que participábamos en cumpleaños y en las fiestas del pueblo.
  


HERNAN JORQUERA SALAS

MI NIÑEZ

   ¡Qué lindos recuerdos llegan a mi mente cuando pienso en Requínoa! Mi infancia quedó entre las calles y paredes de un pueblo de un pueblo que siempre permanecerá en mí, en mi esencia. Cuando tenía diez años,  recuerdo la salita de cuentos infantiles de la biblioteca municipal  en la cual había una pequeña casita donde solía jugar con mis primos a la familia o al papá  y a la mamá y luego descubrir mundos fantásticos e increíbles a través de los libros.

Pasé tan buenos momentos también en la casa de mis primos, donde vivía, donde se encuentra toda la gente que quiero, mi familia.  Ahora debido a mis estudios, estoy viviendo más lejos, en Concepción, y mientras más pasan los años, mas quiero mi pueblo natal y cada vez que miro hacia atrás ¡Qué lindos recuerdos llegan a mi mente cuando pienso en Requínoa!

REQUINOA 32 AÑOS DESPUES

   Dejé mi pueblo, su gente amable, mis amigos y familia para estudiar en la Universidad de Santiago en 1978. Es mucho tiempo, sin embargo, como le explicaba a un amigo hace poco, yo siempre seré de Requínoa y Requínoa será mío. Porque allá están mis raíces y las de mis amigos.
   En Santiago todo es distinto y mas grande, qué duda cabe. Sin embargo yo extraño las intimidades de mi pueblito, las bromas entre los jugadores de pool del ya desaparecido “Club Social”, las caminatas nocturnas por las calles en el verano, con total tranquilidad.  No había nada que temer.   Éramos todos amigos.

   Extraño la lluvia en invierno, el viento fuerte y cálido antes de llover. En Santiago la lluvia es mezquina. No lava la ciudad, sino que la ensucia.
   La tragedia del terremoto destruyó mi lazo más grande con Requínoa, mi casa paterna. Pero está la de mis hermanos, las de mis amigos, con los cuales algunos años coincidimos.
  Todavía me rio con los recuerdos de los paseos “Al estero Los Leones”. ¡Cuántas tonteras decíamos y hacíamos! Éramos niños, o casi. Cuando veo ahora a los niños y adolescentes en Santiago, pienso en cómo nos divertíamos con cosas tan sencillas como sentarnos en la plaza a contar chiste, oír música, o simplemente conversar. Creo que éramos más felices como adolescentes y creo que también como adultos.



Algunas veces voy a Requínoa y veo solo desconocidos. Nos debe pasar a todos los que un día partimos. Pero yo los imagino hijos y nietos de mis amigos y el lazo se renueva con este pueblito tan querido.


Eduardo Solís Troncoso.
Santiago, Mayo 2011